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Un libro

Carlos Fuentes y La región más transparente

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Hace más de cincuenta años que se publicó «La región más transparente» (1958) y su escritor, Carlos Fuentes, sigue manteniendo el vigor verbal y mental que ya demostrara en sus inicios literarios. La crítica recibió su novela con disparidad de opiniones que iban desde una adhesión sin límites a una queja por su excesiva modernidad al romper con los moldes narrativos tradicionales. Lo que nadie niega es que con ella nació lo nueva novela latinoamericana que superaba herencias hispanas e ideas maniqueas (civilización y barbarie).

Los personajes de ficción de una realidad

Hasta el momento de la publicación la ciudad de México no había aparecido reflejada en su conjunto y con una voz propia como en esta novela. Sí que otros escritores entre ellos José Joaquín de Lizardi, un siglo antes, habían retratado su sociedad. Pero es sin lugar a dudas en esta novela donde aparecen los diferentes estratos sociales sin ambages adaptándose el escritor a través del lenguaje a su modus vivendi y a sus miserias que nada tienen que ver sólo con las económicas.

Los seres anónimos que pueblan las calles de México aparecen mostrándose en sus actos como parte de la violencia, la injusticia, la especulación, el dolor. Y no sólo estos se muestran sino que la parte más pudiente de la sociedad se relaciona con aquellos sin posibilidad de saber dónde se encuentra la podredumbre y el éxito.

Para rematar la exposición de personajes en la obra de Carlos Fuentes, y en esta novela, está el intelectual. En «La región más transparente» es el personaje de Rodrigo el que da el contrapunto a la irracionalidad que observa. Sus palabras lo definen: «El éxito es un asunto de pasividad, se dijo Rodrigo; basta plegarse a la ocasión, someterse a un tren de hechos automático que nadie ha puesto en marcha con inteligencia o pasión». Tan diferente al personaje de Artemio Cruz, un anti intelectual.

«La región más transparente»

El título de la novela ya da cuenta de la inspiración que Carlos Fuentes tuvo del texto de Alfonso Reyes «Visión de Anáhuac». Ensayo en el que el escritor narra las vivencias de un conquistador en 1519 al llegar a Tenochtitlán. El epígrafe que es más conocido y que Fuentes ha utilizado como reflejo de un pasado y una ausencia presente es: «Viajero, has llegado a la región más transparente del aire».

La ciudad de México, y por extensión el país, es el bien y el mal, lo perfecto y su contrario, sus orígenes límpidos y su suciedad a posteriori. Es el tránsito que expresa a la perfección uno de los personajes: «Porque Dios es el bien infinito, Rodrigo, pero es también el mal infinito: es el espejo puro, sin fondo, interminable de todo lo que creó. En el bien y en el mal, somos su criaturas. Nuestro destino puede ser diverso, pero si ha de ser destino verdadero, tiene que cumplir hasta su consumación cualquiera de esas dos realidades, el bien y el mal. Debemos dejarnos caer hasta el fondo de nuestro destino, sea cual fuere… El tránsito es tan breve».

Opiniones de Carlos Fuentes sobre su novela

En una entrevista realizada en 2008 al cumplirse cincuenta años de la publicación de «La región más transparente», Fuentes dijo lo siguiente: «Fue una novela muy criticada, muy vapuleada, muy maltratada. Luego, se convirtió en un clásico, pero al principio no fue así. Creo que hay que escribir a contrapelo, no hay que seguir las reglas, sino violarlas».

Y con respecto a por qué la escribió añadió: «…escribir sobre la ciudad de México, que nunca había sido el personaje real de una novela. Había habido sí, menciones, escenas en la ciudad, pero básicamente la novelística mexicana era una novelística del campo, de la revolución. Me di cuenta de que esta novelística había llegado a su cima con el insuperable «Pedro Páramo» de Juan Rulfo, que es la mejor novela mexicana de todos los tiempos. No era posible ir más allá en la temática que había empleado Rulfo. «Caramba, me dije, estoy viviendo en una ciudad –en ese momento tenía cinco millones de habitantes– y no hay una novela que sea comparable a «Manhattan Transfer» de John Dos Passos o a «BerlinAlexanderplatz» de Alfred Döblin, es decir, a novelas que tratan a la ciudad como personaje. Este era un desafío que sentí que debía asumir. Me embarqué en eso a los 25 años, la terminé a los 28. Y ahí ve usted cómo comencé a escribir novelas a partir de una necesidad que para mí era muy importante y que consistía en darle cuerpo literario a mi ciudad».

Carlos Fuentes, rebelde en su soledad

El escritor tiene claro que para escribir uno debe ser orgulloso, disciplinado y vivir aislado, como hace él actualmente porque escribir: «Es una forma de rebelión contra el destino siempre».

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