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Polifonia amorotica

Miércoles, 23 de Abril de 2014 18:00 Oscar Salas ECLÉCTICA - El Espectador
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Polifonia amorotica

De aquel baúl con saldos, en el Museo de la Ciudad, siempre me detenía en los minilibros de cinco pesos. ¿Un cuento de Octavio Paz? De su poesía muy pocos pedacitos logro saborear; del dichoso “Laberinto de la soledad”, tres veces no he logrado traspasar la veitena de páginas. No transijo con la extensión de sus juicios para todos los mexicanos a partir de la observación de tan reducido número en un espacio tan concreto y específico, menos actualmente cuando se acepta cuan poliédrico es el universo mexicano. Quizá deba intentar una lectura de capítulos sueltos.

Desde las primeras líneas, desde la primera lectura, “Mi vida con la ola” me ha revolcado con su ingeniosa creatividad y su delicado y arrebatador erotismo. Hago muy pocas relecturas pero a la cabeza está esta obrita que bajada de la red ocupa tres cuartillas, y sobra espacio en blanco. Cometí la indespreciable estupidez de prestar aquel grandioso minilibro. 

Polifonia amoroticaMe parece fantástico antropomorfosear una ola marina, darle vida antropomórfica sin perder su status líquido, que tenga vida acuática desde una perspectiva humana; resultan inconcebibles sus arriesgadísimas vicisitudes en la convivencia ‘social’ por su estado líquido; igualmente cómo el paso al estado gaseoso, y de regreso, le permite la sobrevivencia. Pero además, la ola tiene el carácter y las cualidades del género para erotizar, subyugar y mortificar al narrador. Tiene languideces insondables que flotan en la amodorrada molicie; tiene arranques de alegría arremolinada, sin motivación deducible, que no aceptan otra cosa que no sea el desahogo a plenitud. Así es suscitada una expectación en ascenso dentro de esta realidad mágica, que ha de aterrizar para apegarse a la primera cualidad: ¿Cómo le van a hacer la ola y el narrador para vivir por siempre felices? Obviamente esto es imposible: ni hay ‘para siempre’, ni hay felicidad, y así el desenlace es inesperado, cual todo respetable cuento, pero también brutal, como la generalidad de las realidades, precisamente con la intervención de un picahielos. 

Polifonia amoroticaQuizá en materia cuentística Octavio Paz se atuvo al refrán: De lo bueno poco, y mientras más bueno más poco. ¿Habría sido posible una saga de “Mi vida con la ola”?

Cuando Javier Velázquez avisó que escenificaría “Mi vida con la ola” en el Centro de Arte ‘Bernardo Quintana’ de la UAQ, resultaba imposible reprimir la curiosidad. Preveía las posibilidades fantásticas, el artista optó por la amorosa. Mucho corre en contra de Velázquez el bien establecido estereotipo escénico del enamorado: presencia gallarda y voz cameladora; personajes e intérpretes sobran en esta compaginación. Entre los actores locales con la presencia y la voz para llenar con volumen y modulación el espacio escénico, apuntaré a manera de ejemplo, sin búsqueda siquiera somera, a Rodrigo Núñez. De aquella representación unipersonal me asombró la memorización; lo vi actuando, pero no me convenció que estuviera enamorado, menos erotizado, aunque mucho paseó: subió, bajó, se envolvió, estrujó una larga tela roja. Entre los asistentes hubo quienes se pararon a curiosear el extraño instrumento musical de Ernesto Martínez, como sacado de una película galáctica. 

Polifonia amoroticaTampoco el primer montaje que hizo Velázquez de su obra Cuarteto de pasiones me convenció haciendo varios personajes masculinos, sin embargo la presencia de tres o cuatro actrices mucho hacían suponer que la obra crecería con otro montaje donde esos personajes masculinos quedaran trazados en el escenario con mayor definición. Con Román García como Victoriano Huerta y Leonardo Kosta como Venustiano Carranza Cuarteto de pasiones quedó para preservarse en el repertorio de Navíos Teatro Contemporáneo. Velázquez continuó corporizando místicamente al general Felipe Ángeles, aunque con reminiscencias de El hombre de la rata, su obra estandarte. El acierto en cuanto a presencia abstracta del estratega artillero consistió en ofrecer su valía ideológica revolucionaria y la trascendencia de su traición. Con el antecedente de este remontaje, y a sabiendas de la intervención de Luz Zavala –la Jarocha en Cada quien su vida y una de las evas en Las puertas de Eva--, acudí el miércoles 16 de abril al Teatro de la Ciudad a conocer Erótica Marina. 

Polifonia amorotica
Tan infausta impresión me dejó aquella ‘representación’ de “Mi vida con la ola” en el centro de arte universitario que no recuerdo, ni creó haber guardado registro del nombre con el que la intituló. El cambio es tan radical, que lo referido tan solo valdría como antecedente periodístico, para aceptar la condición de estreno con que aparece apuntada Erótica Marina en el programa de mano.Lo único que ha permanecido de aquella ocasión es la obra de Octavio Paz y las presencias del músico Ernesto Martínez y del autor y director Javier Velázquez. Aunque no desaparece del todo la gestualidad corporal de El hombre de la rata, sí es posible ver muy claramente a un ‘hombre-libro’, tanto como escuchar esa emisión de voz ‘con basura’, como si no abriera la boca lo necesario. Pero el ‘hombre-libro’ funciona bien como articulador de la trama de Erótica Marina, y con ello de las entradas y salidas de los otros personajes, así como de su interconexión. 

Polifonia amoroticaPocas veces el prólogo de un programa de mano, por más poco que su diseño lo parezca, corresponde tan bien con la escenificación, y resulta tan incitador, que aquí lo reproduzco casi en su totalidad. Erótica Marina o las huellas del picahielo es un conflicto amoroso, amorótico, sexual, en el muelle de un mar del sur de México. El hombre libro y la mujer que ama los picahielos. El guarura que lee y la bailarina que sueña con ser ola. El autor de la música subliminal con máscara negra que toca en el bar “El perro infernal”, y el eterno enamorado de la mujer que ama los picahielos, se cruzan y entrecruzan en un viaje infinito como un ajedrez macabro y bendito de las relaciones amorosas. 

polifonia6¿Qué es el amor en el mundo contemporáneo? Quizá un invento para soñar que no estamos solos. Quizá la música del erotismo sagrado. Quizá la danza sexual para consolarnos del brutal tedio existencial. Quizá el misterio más fino. Quizá la búsqueda incesante por asesinar la desolación, el vacío, el insomnio, “el olvidado asombro de estar vivos”. Quizá amar es construir instantes de libertad. Quizá.

Los personajes en el bar, en el muelle, en la alcoba, en el mar, en la nostalgia erótica, en el teatro onírico, nos revelan y ocultan el conflicto de sus fascinantes y tortuosas relaciones, mediante los poemas de Efraín Huerta, Jaime Sabines, Julio Cortázar, Efraín Bartolomé, y la canción de Leonard Cohen, conformando una dramaturgia de silencio y murmullo; de ternura y demencia, donde el conflicto es un volcán que crece hasta el crimen y el suicidio. 

Polifonia amorotica
Se interviene la prosa surrealista, Mi vida con la ola, de Octavio Paz, en dramaturgia de imágenes y voces. La ola es interpretada por dos mujeres, en un juego de espejos múltiples; así como los siete personajes masculinos por un actor. El hombre libro actúa el cuento surrealista, evocando e invocando la palabra que vuela en imágenes infinitas, donde la metáfora de la ola se convierte en realidad ficticia, con la mujer que ama los picahielos. ¿Cómo concluye el ciclo de semejantes conflictos? Quizá en el corazón del poema se abra un río de asombros sin fin.

Polifonia amoroticaEn el enorme escenario del Teatro de la Ciudad la recreación de la noche portuaria fácilmente rebasa la captura de la atención para asomarse al embeleso por la creación plástica. Poco a nada nos informa de México, menos de un punto cardinal, pero no hace falta. Como ya conozco “Mi vida con la ola” vengo a conocer un encuentro amoroso, que muy pronto es sugerido con dos siluetas –hombre y mujer--, que llevan sendos estuches de guitarras –instrumento romántico por antonomasia— y se encaminan al encuentro. 

Polifonia amoroticaElla, esbelta, sugiere delicadeza, hay poca elaboración en su vestuario: un vestido negro casi una cuarta debajo de las rodillas, atado al cuello deja descubiertos hombros y media espalda. Unas sandalias cruzan su dedo gordo y las lleva sujetadas a los tobillos. El negrísimo cabello amarrado en la parte posterior de la cabeza. Carmesí encendido en los amplios labios. Cuatro elementos constituyen su acicalamiento. Él, con un arreglo poco cuidado sugiere desenfado --el bohemio ajeno o trasgresor de dictados--, no deja de ser sombrío: negro el sombrero asimétrico por el uso, malcumple la sujeción de la desordenada greña grisácea, negra la gabardina, negro el traje, negro el calzado con marca mundialista, oscura la camisa, detalles grises en la corbata de nudo descorrido. El desembarazo total de las convenciones lo proclama la gabardina convertida en tablero de avisos, donde quizá quedan salvados pedazos de inspiraciones, o simples recordatorios de esbozos interrumpidos. 

Polifonia amoroticaAparece una segunda mujer joven bienluciendo una minifalda con sus torneadas piernas plantadas sin calzado. Ellas se admiran seduciéndose, se disfrutan, se aman. Imposible no recordar el reciente retiro normativo de los kioscos queretanos de las publicaciones con portadas osadas, concretamente las que muestran cuerpos vestidos más con la excitación de las miradas, deleitadas unas, escandalizadas las de las preservadoras autoridades. El desbordamiento erótico es el marino interpretado por ellas entrevelando sus sinuosas desnudeces. (Notable la preparación y desaparición de las desnudeces sin interferir el transcurrir de la trama.) 

Polifonia amoroticaUn momento coreográfico cumbre de la creación plástica lo apreciamos con el manejo tormentoso de las sombrillas.

Lo anterior sin dejar de transcurrir “Mi vida con la ola”, con sus altibajos sentimentales, acompañados de “Este es un amor”, “El amor no tiene cura, pero cura todos los males”, “Yo no lo sé de cierto”, “Toco tu boca” y “Yo te beso”. 

polifonia12Todo este revuelo y arrebato de excitación amorosa inmolado por unas chelas bien frías –aquí la ambientación sureña pendiente en esta Erótica Marina--. ¡Por favor, qué luna erotiza sin Ola y sin Luz? 

Nota: Eric Fernando Estrada fue sacado de la sala en la escena VI por contestar su celular, pero también de los créditos. Que aquí conste.

 



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