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La transversalidad del caos

Miércoles, 04 de Noviembre de 2015 18:00 Oscar Salas ECLÉCTICA - El Espectador
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La transversalidad del caos

La congruencia de la lógica racional topa no contra una argumentación mejor estructurada, sino contra el absurdo rayano en bobaliconería. Con tal inicio el dramaturgo de “La silla” se la juega para ser hecho a un lado por desbordar tan temprano los límites tolerables de la estulticia, tan solo por el regodeo en la exageración. Lo salva la contrastación de las personalidades de los personajes, en sus ánimos, sus modos y en sus presencias, no obstante coincidir los cuatro en bordear la exasperación impuesta por la cotidianidad exigente y avasalladora.

caos1Cuatro personajes están por disputarse una silla. Siendo única está en posición para escoger, por simple racionalidad de la oferta y la demanda: hay sobrante desechable de posibles ocupantes. Pero una cosa u objeto, por simple definición carece de voluntad o recursos selectores.

La racionalidad de los personajes es dubitable por lo estereotipado de sus posturas, lo mismo que las expresiones con que éstas son expuestas. Prevalece la sustentación del reclamo por la simple naturalidad de los atributos ostentados, independientemente de los hechos realizados o no y de las finalidades que se persigan.

Mi religión lo dice. / Mi apellido lo indica. / Dígaselo a mi abogado. / Yo la vi primero. / Me quedaré con ella. / Que falta de modales. / Les dije que es mía. / Yo la vi primero. / La quiero en este instante. / Pero yo la necesito. / Es una total injusticia. / ¿Dónde dice su nombre? /Me ofende su idiosincrasia.

caos2Al mismo tiempo, en un tercer nivel de lectura de los primeros diez minutos de la obra de Jorge Martinoli, como diagrama de trazo escénico y actuación, está el azaroso juego de la silla, con la exclusión o marginación de quienes permanecen en pie, aunque aquí simplemente quedan en posesión de un cuerno retorcido y en posición subalterna o de comparsa y sumisión. Está incluida la tonadilla infantil, por lo menos un verso, tan sabio y aleccionador: ‘El que se fue La Villa, perdió su silla’. 

En el desarrollo de la trama vamos conociendo otras significaciones de la silla y su ocupación, que a su vez resultan ironizaciones sociales y de nuestros modos estereotipados, vengan o no al caso. Como decir cara a cara: ‘Deje su mensaje después del tono.’ ¿Cuánto pretendemos que las mecanizaciones nos releven de las decisiones?

caos3En “La silla” recibimos un zarandeo y provocación por la inercia cafetera en la que nos instalamos; por nuestra enjundia de baba, de alharaca: este país está flotando en la mierda / ¿y ustedes qué hacen para cambiarlo?Los personajes se reparten la relación de las situaciones constituyentes de la mierda al mismo tiempo que nos muestran las afectaciones que éstas les ocasionan. Por sobrellevar tal fardo y todavía poder dormir reparadoramente reverencian al gobernante que así está en forma para brindarles la gracia de su gobernanza. Su alocución se las brinda por la salida del recto. (¿Recuerdan la lúbrica invocación escolar del venerable anciano que confunde la boca con el ano?) ¿Habría mejor manera para indicar el valor y la trascendencia de las expresiones del máximo personaje público? Su elocuencia se mide en la potencia de su ventosidad.

En un Mundo Feliz de pachanga los personajes-piezas-de-la vida no caen en la cuenta de su enajenación, desvaloración, de la pérdida de sus esencias: soñé que éramos hombres libres / yo no creo en supersticiones / ni siquiera sé lo que eso significa // disculpe ¿dónde está la esperanza? / alfondo a la derecha.El absurdo construido con dislates-desconexionesal borde de la dislexia.

caos4Gozamos de un humor contenido, por ejemplo con una parodia que ironiza la involuntaria inmersión en el agobio de la intrascendencia, como en el caso de una ganadora de un concurso-diversión televisivo, finalmente con un dejo de conciencia:usted es la ganadora de este concurso, consiguió la silla que tanto deseó // Gracias… les juro que hice mi mayor esfuerzo / no puedo morir, no quiero… / hay un canasto de ropa sucia en casa / hoy es la final de mi telenovela / nunca leí un libro o el periódico / jamás doné sangre ni planté un árbol / solo quiero vivir mi vida / quiero otra oportunidad / quiero ser feliz // ¿Quiere ser feliz? // Sólo quería que me dejaran ¡idiotas!Con agudeza e ingeniosidad vertiginosa, delirante y recriminante la cotidianidad pasa largamente a la báscula, o la silla, por ejemplo: las culpas, la infancia, la adolescencia decadente, los estudios, la preparación, la falta de empleo, la desocupación, el aborto, la inseguridad en uno mismo, la dependencia, los héroes, las relaciones parentales fallidas, la insanidad, la hipocresía, el desinterés por el fin del mundo, las ventajas de la transformación en androide, la supremacía cibernética, el anacronismo religioso.

Definitivamente sin la práctica y la tolerancia de la inmediatez y la improvisación nos arriesgamos a caer en el presente, en el cataclismo del autocuestionamiento. Por favor: una silla, creí que la transversalidad sólo era horizontal.

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